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Doble vida

  6a.m. salto de la cama, ducha, lavado de dientes, ropa ya elegida la noche anterior para no perder tiempo. Dos mates , tres tostadas. Todo en automático. Increíble como el tiempo es, a esas horas, una bandita elástica. un rato más debajo del agua tibia puede hacerme llegar diez minutos tarde. No me lo puedo permitir. Mochila y afuera. Los porteros lavan la vereda intercambiando chorros de agua y los últimos chismes del barrio; los saludo mientras sigo paso firme hacia la parada del colectivo. La fila es eterna. Muchos de los pasajeros tienen nombre en mi cabeza: la desmayada, el fortachón, el ekeko y así; tomo lista. Palpo los bolsillos buscando la Sube. El chofer sonríe, es amable… ¡es el actor de stand up que vi anoche en el teatro! ¿será que aún estoy dormida? No se si pedirle que cargue mi tarjeta o un autógrafo.¿Sooos vos? ¡Si! grita alguien, más atrás, ¡Un actorazo! Llego a decirle que me encantó y el me sonríe tímidamente. En segundos vuelve a ser el chofer, como en esas d...

Susurros

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La poesía no sirve para nada. Qué hacemos con este susurrador en mano, yendo de acá para allá, ofreciendo poesía como quien ofrece pañuelitos o curitas, pero gratis. De vez en cuando, alguien te mira con ojos desorbitados cuando le preguntás si quiere escuchar una poesía. A veces ni te responden y apuran el paso. Igual seguimos, hoy en la plaza, ayer en una marcha, otro día en una asamblea… También hay circunstancias felices, niños y adultos que buscan a las susurradoras, que nos traen de la mano a otros, para que pasen por la experiencia. Hay muchos que te dicen: es lo que necesitaba escuchar, otros respiran hondo como para nutrirse del aire poético que les acaba de llegar. Hoy, colocan en mi barrio una baldosa de la Memoria. ¿Todavía siguen con las baldosas? pregunta un tipo que pasa entre fastidiado y desafiante, pero se va porque nadie le contesta. El grupo se sigue nutriendo de gente y más gente. Parece increíble pero en este momento, poner una baldosa, hacer un acto por un desapa...

Torrente

  Torrente Arden casas y bosques,  las comunidades sin sus tierras. Arden de odio los que embrollan con dichos para la sedienta codicia de unos pocos. Arden monstruos nacidos del hambre, la soledad y el silencio. Entonces, alguien sale a la calle, se encuentra con otros que miran a los ojos, eligen las palabras hasta dejarlas limpias; uno comparte el mate, otro inventa cantos honrando este suelo que pisamos, el aire que viene a darnos la vida, generoso el agua que es de todos y la quieren para unos pocos. Si hace frío, si pinta el miedo,  hay manos que se tienden y abrazos que rearman. De pronto la calle es un mar de cabecitas con olas de brazos en alto,  un torrente que viene a apagar tanto fuego.

En la calle

  En la calle Algunos tentados por las roscas, cosquilleos de poder, corroen las palabras, solidaridad que no solidariza, progreso que no progresa. La calle espera.   En la olla inmensa no hay guiso para todos. Por momentos la justicia es solo horizonte, servida allá lejos para algunos. La calle espera.    Democracia es llevada a la rastra, en una camioneta sin patente, patadas sin nombre.   Ojos que no saben que miran. La calle espera   Democracia es  un nene que llora de hambre al lado de su mamá, sentados a la puerta del supermercado, esperando dejar de ser invisibles. Mientras, abajo, día a día, chiquito, alguien da de comer, enseña, cura,  parte el pan y la poesía. La calle deja de esperar y nos bendice: Bienaventurados los que no creen sin reflexionar, los que caminan juntos, los que hacen un lugar a otros, los que están en la calle  defendiendo el espacio de todos.

Taller de otoño. Desafío de escritura de Araceli Campana

 Con una consigna por día, me fueron saliendo estos textos... Qué podría comprar para comer, una semana sin tarjetear? Cómo vuelvo de Constitución a las 2a.m.? Cerré la llave del gas? Cuándo me tendría que venir? Habré dicho algo que le dolió? Guau! Ya tacho esto de ponerme los zapatos de mi humana! El vecino de enfrente parece estar vigilando detrás de las cortinas. En cuanto ella sale a la calle, ahí va él, detrás suyo. Apura el paso, no llego a escuchar lo que dice, pero algo le susurra al oído. Lo extraño es que su brazo derecho se va transformando en un ala grande y blanca que se arrastra por la vereda, la cual denota sus intenciones y también su edad. Vieja, increíblemente vieja. Muy cerca del espejo, cientos de surcos van trepando por las mejillas, los párpados. Por dentro están todas las que fui: la niña que juntaba hormigas descarriadas, la mujer que acunaba a sus hijos, la que inventaba palabras, Ellas siguen estando, conversan conmigo y hacen valer cada arruga , cada pli...

Subte

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                                            Foto Aoreste, Pixabay Subte, poema publicado en el suplemento literario de la Revista Trinchera, diciembre 2023   Wislawa está sentada a la orilla de un río, yo la imagino   en uno  del sur bordeado de álamos dorados y piedras que brillan desde el fondo.   La mirada vuelve gustosa sobre las palabras, se abren las puertas del subte.   El libro espera un poco más entre las manos.   Una coreografía de dedos se despliega sobre las pantallas, mientras, busco un lugar donde sentarme.   Un músico, con su guitarra y su voz  trae Ojalá, juega a ser Silvio, y Wislawa vuelve a estar en esa orilla ahora, llorando tu ausencia.

Del otro lado del mar

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  Primera mención Concurso Internacional Literario Fundación Resifro 2023 Del otro lado del mar Nadie duerme, la noche se ha comido los sueños. Ojos abiertos como preguntas, como pájaros. La noche se ha comido las palabras, son un puño  que aprieta el corazón. Me duele el tirón de orejas que alguna vez te di, me alivia el sonido de tu risa junto a la mía,  me lleva  un barquito de papel navegando en los charcos que alegraban la tarde. Hoy un barco inmenso en un mar desconocido  se llevará a mi niño para siempre. Arrullada con cuentos de finales felices, cuidaré tu patria de infancia, de palabras amorosas, de gestos, de comidas. Allá todo será nuevo, tu sangre joven aleteará  buscando una vida plena, lejos de esta casa de piedra, de este pueblo tan pequeño que ni los sueños caben. Bajaré algún día  a conocer ese mar que nos separa, le pediré a las olas que te alcance el calor de mi abrazo por si te hiciera fal...