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Contanos un cuento

Los miro a los ojos, pero son tantos que no hago a tiempo. Siempre alguno quedará esperando un guiño, una devolución. Mientras tanto, uno se levanta y empuja al compañero sin querer; pero el empujado se enoja y grita como en las películas de acción. Se juntan  varios a ver la pelea y yo que quería empezar a contarles. En lugar de eso tengo que apagar un fueguito: -Paren, paren-Fue sin querer- Yo lo vi, pero entiendo que estés molesto.-Se piden disculpas, ahora cada uno a su lugar porque tengo algo increíble para contarles. Miran. Muchos miran y a mi me alegra tanto que ellos crean y confien en esa historia. Saco una flauta, unos casacabeles. Convoco al sonido y a la magia y como se el nombre de todos, corro con ventaja y entonces llevo a cada uno por el camino del relato que va saliendo solito, palabra a palabra, paso a paso. Es un ratito nomás, después volverán a levantarse, alguno querrá ir al baño, otro pedirá que le saque punta al lápiz, otro llorará porque se le rompió la...
Abrir una canilla, bajar o subir una palanca, atender el teléfono, encender el fuego, mover una  manivela fueron gestos inconfundibles para jugar a "dígalo con mímica". Ahora me doy cuenta que hoy casi todos los gestos se resumen en apretar una tecla.

Presente

No me alcanzan los brazos para abrazar la vida. Respiro hondo hasta explotar. Es un milagro que los millones de células que soy se dispongan a disfrutar este momento, este sol, este cielo.Ojalá esta sensación se esparza por el aire para alcanzar a todos.  Se que es un instante, después volverán los grises y negros, lo cotidiano. Tampoco estaría bueno que una quede colgada de las nubes todo el tiempo. Pero este segundo es así,agradecidamente infinito.                
Una libélula  cruza el otoño por la avenida. Al fresno le tiemblan sus hojas amarillas,  el arce coquetea con sus rojos, y llueven flores rosadas de palo borracho. La pobre bicha no sabe a quién mirar y ahí va, de una orilla a otra, espejando al sol  con su aleteo, en su efímera vida                           de insecto. Flamea con el viento loco una bandera de nubes de otoño. Abismo de cielos, cascada de árboles.

La despedida

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Apenas se veía por la ventana. El vidrio estaba empañado y la hora temprana no terminaba de despertar a los vecinos. La mayoría de las luces del edificio de enfrente estaban apagadas y en el cielo solo había una luz tenue de amanecer. Desde su cama, Irene repasó que tendría que comprar cortinas un día de estos y tal vez una persiana de madera para frenar un poco el aire frío que congelaba las buenas intenciones de la estufa vieja. Todavía inconsciente por el sueño, manoteó el espacio vacío de su marido que ya se había ido a trabajar un par de horas atrás. Con un gesto casi infantil se dio vuelta, arropándose hasta la cabeza con las frazadas e inmediatamente se incorporó para asegurarse que la bebé estuviera abrigada en su moisés. Le sonrió y se sintió protegida. Pensó que eso era raro, pero que igual lo sentía así. Esa bebé de cuatro meses, rosada, de pelito suave, de nariz respingona, de ojos redondos y brillantes, de boca gordita, la protegía de sus miedos, de sus pesadill...

Viaje de vuelta

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— ¿No te merecés un taxi? Mirate, estás agotada, trabajaste todo el día, llevás tres bolsas, al bebé, los chicos, las mochilas... Después de este diálogo interno, la mano se le levanta sola ante un Fiat negro y amarillo que se acerca con su insinuante luz roja, invitando a subir. La noche tibia y húmeda desparrama colores y luces. Autos, vidrieras, gente yendo y viniendo. Una mano amable, abre la puerta trasera. Un ciclón de bultos y chicos la empuja hacia el interior del auto. Con un pie tantea el espacio y logra esquivar el marco de la puerta.Tambaleando ocupa, felizmente, los centímetros cúbicos que le dejan. Con una mano sostiene al bebé, con la otra busca las llaves de casa en los bolsillos. Si, ahí están. Solo falta encontrar el cambio para pagar el viaje. Saca de la cartera, algunos objetos que entorpecen la búsqueda: la agenda, una cartuchera, un pañal, la mamadera. El bebé la reconoce y lanzando grititos de alegría intenta apoderarse de ella.  Con una manito asegur...

Palabras habitadas

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